Mudanza del alma
Hablemos del cambio, del atemorizante e incierto paso lejos de la zona de confort, donde todo empieza haciéndose con ilusión y optimismo hasta que termina la primera semana y comienza a incomodar ya no dirigirte por la misma ruta a casa, ya no ver a las mismas personas todos los días o irónicamente extrañar un poco esa vida que antes ansiabas mejorar.
Pesan tanto las decisiones en corazones ansiosos, que sobre piensan tanto las cosas, que automáticamente el "¡podemos!" se convierte en "¿podemos?" ahogado en sus propios ecos. En esa realidad y en retrospectiva, muchos campos salen a la luz y te dejan entender porque hoy piensas o actúas así, creyendo que la decisión que tomaste fue precipitada.
Hasta que Dios empieza a susurrarte al oído "estarás bien, confía", "estás exactamente donde debes estar”.
Intentas ver esa realidad en un potencial hogar donde empieza a oler más a lo conocido, a tomar el aroma propio combinado por cuatro esencias. Aunque te sientes incómodo por vivir un presente lleno de nuevas responsabilidades y sacrificios por lograr ese propósito, crece tan rápido lo que hoy sostienes que ya no puedes devolverlo hasta intentarlo y descubrir lo que puede salir de eso. La incomodidad se vuelve señal de crecimiento, y el miedo, testigo de que algo grande está ocurriendo.
Y entonces entiendes, esa travesía es como estar en una montaña rusa sin garantías, de subidas y bajadas esperando no vomitar ni perderte en el intento. Solo tú y tu gente sosteniendo fuerte tu mano sin dejarte caer, y así también tú sosteniendo la suya, juntos se convierten en un sé que será posible.
Comentarios
Publicar un comentario